Aunque disfruto cada vez que acudo a algún evento cultural y me gusta pasear por las exposiciones y asomarme a las conferencias o a la presentación de algún libro, nunca he participado en esa actividad tan de moda últimamente que llaman “Revisión de portfolios” que organizan en los grandes festivales fotográficos. Al pudor que siento casi siempre que tengo que enseñar alguno de mis trabajos, se une el pavor que me provocaría tener que contestar esa pregunta obligada con la que comienza esta especie de tercer grado: ¿Qué es lo que intentas trasmitir con tus imágenes?
Para los que nunca habéis acudido a un festival fotográfico, os cuento que una revisión de portfolios se parece mucho a esas citas rápidas a las que acudía la gente desesperada por encontrar pareja antes de que llegaran las redes sociales. Te ibas sentando a hablar dos o tres minutos frente a las personas a las que tenías que impresionar antes de pasar a la siguiente mesa. La diferencia es que las personas con las que te sientas a charlar son fotógrafos reconocidos y lo que les tiene que impresionar es el trabajo que vas a mostrarles. Y si tus imágenes o tus respuestas no son lo suficientemente interesantes, puedes ver en su cara esa expresión de estar pensando: “A ver cómo me libro de este tío sin que se ofenda”.

Ruta del río Purón (Asturias). © Miguel Puche
Muchas veces pienso en aquellos minutos gloriosos de la película Forrest Gump cuando el bueno de Forrest sale a correr y acaba cruzando el país de punta a punta. La noticia sale en la televisión y los periodistas le preguntan si corre por la paz mundial, por la gente sin hogar, por los derechos de la mujer, y él simplemente contesta: “Tenía ganas de correr”. Ahora intentad imaginarme a mí en una de esas revisiones de portfolios en la que me preguntan por el mensaje de mis fotografías, por el medio ambiente, por la relación del hombre con la naturaleza, y yo simplemente contestando: “Tenía ganas de salir a hacer fotos”.
Tengo que decir que me encantaría enarbolar la bandera de alguna buena causa medioambiental, o acompañar cada una de mis fotografías con un mensaje alentador sobre el respeto a nuestro entorno, pero casi siempre, cada vez que preparo el equipo para salir de viaje, lo hago porque me lo pide el cuerpo, y sobre todo la cabeza. Lo hago por una simple y egoísta razón de satisfacción personal. Me gusta hacer lo que hago, disfruto con la búsqueda, con el camino recorrido, no me como la cabeza intentando acompañar las imágenes con un concepto que aporte algún valor añadido. Busco la luz, la estética, cosas simples que me hagan desconectar del día a día. No sé si algún día se me ocurrirá alguna respuesta original para la pregunta “qué intentas transmitir con tus imágenes”, pero de momento evitaré esas famosas revisiones de portfolio y seguiré confiando en mis instintos más básicos como hizo Forrest cuando empezó a correr. Hago fotos porque me apetece hacer fotos.