WINTER’S END

En los años 80, en los largos y caóticos viajes en coche con los amiguetes, llevábamos cintas de casete grabadas con las canciones que a cada uno le habían parecido apropiadas para esa ocasión. Había tiempo de sobra para escuchar todas las cintas, la del heavy del grupo, la del fanático de Queen, la del popurrí de éxitos de los 60. También grabábamos cintas para regalar, incluso podías presentarte a alguna cita con una grabación casera de los grandes éxitos de Whitesnake con la esperanza de impresionar a la chavala de turno, que se la guardaba con fingida cortesía sin intención alguna de escucharla. Tengo que decir que nunca impresioné a nadie con ninguna cinta de casete, algo bastante lógico visto con la perspectiva del tiempo.

Supongo que nos ocurre a todos, que tenemos una canción o un disco para cada ocasión importante de nuestra vida. Además, los que no concebimos nuestra existencia sin una banda sonora de fondo, tenemos también música para los momentos intrascendentes. Yo últimamente, cuando paso horas delante del ordenador revisando los archivos de las diapositivas que he llevado a escanear, me sorprendo cambiando las canciones que escucho en función de las imágenes que tengo abiertas en la pantalla.

Cabezón de la Sal (Cantabria). © Miguel Puche

Las últimas diapos que llevé a escanear las hice al comienzo de la primavera entre Asturias y Cantabria y, mientras me entretenía en casa con la ingrata labor de limpiar los archivos de esas pequeñas motas de polvo que se pegan al acetato de la diapositiva o al cristal del escáner por efecto de la electricidad estática, busqué de manera instintiva un disco que publicó en el año 93 el grupo escocés Texas y que se llama Ricks Road. La última canción se titula Winter’s end y es la que escuchaba mientras limpiaba el último archivo de esta tanda de escaneos. La imagen que incluyo en esta entrada.

Evidentemente, la canción no habla del hecho literal o meteorológico del final del invierno, habla en realidad de que las cosas vuelven a su sitio después de una mala racha, pero eso es lo de menos. Lo curioso es que he sumado otra canción a mi banda sonora y que a partir de ahora, cada vez que salga a pasear con la cámara por un bosque a principios de primavera, recuperaré en mi cabeza la voz de Sharleen Spiteri susurrándome esta melodía. Por cierto, creo que a eso de grabar cintas de casete con canciones variadas lo llaman ahora playlist. Ya no hay que ir a comprar cintas vírgenes al Rastro y no hace falta quedar con alguien para compartir o regalar música, así que ya no tiene tanto encanto como antes.

Esta entrada fue publicada en Reflexiones. Guarda el enlace permanente.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *