LOS EXCLUIDOS DE SU PROPIO PARAÍSO

En 1986 se estrenaba en cines Cocodrilo Dundee, aquella comedia protagonizada por el actor australiano Paul Hogan en el icónico papel de Mick Dundee. En aquella época, sin internet ni teléfonos móviles, mis aspiraciones viajeras se limitaban a ejercer de Boy Scout y acampar en la montaña los fines de semana con cuatro amiguetes orgullosos de portar una navaja suiza, un saco de dormir prestado y un pequeño camping gas donde calentarnos una sopa de sobre. Tanto el cine de los 80 como mi ingenua y limitada perspectiva de adolescente nos daban una visión romántica y despreocupada del mundo. Hoy, 35 años más tarde, ya sin navaja suiza pero con algunos kilómetros de más en la mochila, pienso en lo importante que es descubrir los lugares que visitamos con la mente abierta, borrando imágenes estereotipadas, figuraciones ficticias, oasis artificiales que nos invitan a creer que el mundo es un gran plató donde solo se filman historias con gente sonriente y final feliz.

Comunidad aborigen en Kennedy Hill (Broome, WA). © Ingetje Tadros

Comunidad aborigen en Kennedy Hill (Broome, WA). © Ingetje Tadros

Comunidad aborigen en Kennedy Hill (Broome, WA). © Ingetje Tadros

Estoy ojeando un trabajo de la fotógrafa Ingetje Tadros en la comunidad aborigen de Kennedy Hill, cerca de Broome, y recuerdo la primera vez que vi en pantalla al actor aborigen David Gulpilil. Fue en Cocodrilo Dundee e interpretaba, cómo no, a un aborigen amigo del protagonista. Luego le descubrí como un gran actor en Rabbit-proof fence, Ten canoes, The tracker, Charlie’s country y otras películas que me fueron descubriendo una realidad mucho menos amable sobre el devenir de la cultura aborigen en los últimos 150 años en Australia. Expropiación de tierras, limitación de derechos fundamentales, desprecio por sus costumbres, y una larga lista de agravios que han terminado en muchos casos con la pérdida de su propia identidad, con una tenso conflicto social, problemas de alcoholismo, de integración y con un repertorio de acciones simbólicas que únicamente parecen servir para lavar conciencias pero que no reparan la complejidad del problema.

Comunidad aborigen en Kennedy Hill (Broome, WA). © Ingetje Tadros

Comunidad aborigen en Kennedy Hill (Broome, WA). © Ingetje Tadros

Comunidad aborigen en Kennedy Hill (Broome, WA). © Ingetje Tadros

Comunidad aborigen en Kennedy Hill (Broome, WA). © Ingetje Tadros

Kennedy Hill, la comunidad donde Ingetje Tadros realizó este portfolio, es uno de esos guetos donde se normalizó la marginación de las comunidades aborígenes que no tenían cabida en la próspera, idílica y blanca nueva sociedad australiana, ajena e indiferente a los más de 60.000 años de historia del pueblo aborigen en las tierras donde ahora se alzan modernas ciudades, se promueve el culto al cuerpo, se fomentan grandiosos proyectos de minería para la extracción de metales preciosos que sigan aumentando el nivel de vida de una orgullosa clase media-alta o se utiliza el arte aborigen como novedoso reclamo turístico ante la atónita mirada de los habitantes originarios de un paraíso en el que se ven obligados a dar gracias por subsistir con las ayudas de los servicios sociales.

Comunidad aborigen en Kennedy Hill (Broome, WA). © Ingetje Tadros

Comunidad aborigen en Kennedy Hill (Broome, WA). © Ingetje Tadros

Comunidad aborigen en Kennedy Hill (Broome, WA). © Ingetje Tadros

Tengo que reconocer que Australia es uno de esos destinos que me incita a volver una y otra vez, uno de esos lugares en los que me gustaría vivir, de esas sociedades con una fachada impoluta, con una imagen de perfección que a uno le hace dudar si es posible llegar a ese estado de bienestar sin ocultar nada debajo de la alfombra. Y, desde mi ignorancia, desde mi exiguo conocimiento de este tipo de conflictos y las pocas ideas que a mí se me puedan ocurrir para dar solución con un enfoque humano a las transformaciones históricas y antropológicas que ha sufrido Australia en los últimos dos siglos, me gustaría que las autoridades que tienen poder para tomar decisiones consigan que los habitantes de Kennedy Hill y de otros tantos suburbios marginales repartidos por la desmedida geografía de esta isla continente, encuentren una salida que no incluya pérdida de identidad, alcohol o exclusión social. No olvidemos que son la cultura viva más antigua de la tierra, que los problemas de los que hablamos no existían allí antes de que llegáramos los europeos, que tienen mucho que enseñarnos y que no merecen que les arrebatemos su mágico y hermoso universo. Y como he empezado esta entrada acordándome del actor David Gulpilil, termino recomendando una de las películas que comenté en el segundo párrafo, con el conflicto social entre dos culturas que no encuentran un equilibrio saludable de fondo, la Australia que no sale en las guías turísticas. La película se llama Charlie’s Country, dirigida por el director Rolf de Heer, espero que os guste.

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Una respuesta a LOS EXCLUIDOS DE SU PROPIO PARAÍSO

  1. Clara dijo:

    Gracias de nuevo por tu invitación una nueva forma de observar otras culturas….

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